martes, 17 de julio de 2012

Lookea mi ESMARFON!


Hay gente que muere por tener el último modelo de celular. Símbolo o reflejo de su status económico. No importa si no sabe usar la cámara digital, descargar un app, usar el fourscual?, faceque?, enviar y recibir sms, revisar un correo electrónico y, mucho menos, usar los jueguitos que vienen incluídos. Lo que importa es: lo voy a tener antes que tú.

Las calles se llenan de publicidad, las marcas te hablan "Ahora es más fácil tenerme". La obsesión compulsiva de conseguirlo no te deja dormir "Tiene que ser mío". Vas en el colectivo y te imaginas el sonido que podría tener tu  esmarfon, si es que ya lo tuvieras en el bolsillo. Aunque un celu así, debe exhibirse. Debe lucirse. La gente debe ver lo bien que te queda el aparatito colgando de la correa.

Pero de momento; no lo tienes. Estas esperando que llegue fin de mes, para recibir el sueldo que vienes juntando desde hace 3 meses, para gastarlo únicamente en ese aparato.

Y cuando al fin tienes el dinero reunido, vas a la tienda. Donde preguntaste por el modelito más de mil veces. Donde ya casi eres de la familia. Claro, ya no te dicen señor o señorita. Ya te miran mal. Por eso, eres casi como de la familia. Pero… nuevamente: no importa. Esta vez tienes el dinero en el bolsillo. Y ya no vas a preguntar para qué sirve esto o aquello. Algo que ni siquiera ellos supieron explicarte bien. No interesa. Ahora sólo quieres recibir tu esmarfon, y luego, si llegas a abrir el manual del usuario, conocerás para qué sirven todas sus funciones.

Tu celular viene con llamadas gratis durante 3 meses. Full internet, muchos SMS y no sé que otra cosa más. Pero de qué te están hablando?. A ti sólo te interesa llevarte el equipito "Por favor, entréguenmelo ya. ES MIO". Así que la emoción es tan grande que luego de varias horas te das cuenta que el esmarfon sólo sirve para llamar. Sí, para llamar. Y cuando marcas tu primer número Oh! Sorpresa. Tu esmarfonnnn no tiene línea, "…pero si me dijeron que en 30 minutos me activaban la línea!!!".

Seguro que sientes algo así como un revoltijo en el estómago. No quieres que nadie se de cuenta del detalle. Guardas tu nuevo celular. Esperas llegar a casa. Y seguro que para cuando llegues, ya tendrás la línea. Paciencia.

Han pasado 3 semanas y tu súper celu no puede hacer llamadas. Después de reclamar amablemente en atención al cliente, sólo resta esperar. Además, es una compañía seria. Es lo que dicen en la publicidad. Y la realidad es que para ellos eres uno más del millón, y no el millón en la billetera. Qué hacer?. Nada, es momento de enfundarse los pantalones y desbloquear el teclado.

Llegas a la tienda, con plena seguridad de que los que te atendieron no son tu familia. Y claro, para variar, un letrerito hecho a media tinta dice "Cerrado por Inventario". Pero tienes la suerte de la decisión en mano. Ese día es día de inventarios. Cualquier cosa que se te ocurra puede ser buena. Una vieja decrépita con cara de cabecilla de banda criminal está por cerrar la puerta de metal. Amablemente le preguntas a que hora abrirán. Pero algo en su mirada la delata. Ella está huyendo de ti. Sus manos desesperadas tratan vanamente de alejarte de la puerta para esconderse cual rata de alcantarilla. Esta es tu oportunidad. Y debes sentirte tan seguro que nada ni nadie te harán pensar lo contrario. Tus demandas son: 1. Que cumplan con la promesa de uso del celular, o sea, tu línea, 2. Que te devuelvan el dinero. ó 3. Sería meterles todos los packs promocionales como sms por el ancho de banda. Pero mejor quédate sólo con la 1 ó 2.

La cabecilla de la banda ahora te hace un escándalo. Pide auxilio. Dice que necesita ayuda. Pero sus gritos suenan a mentira. Y es el momento para decir "ALGUN POLICIA ME PUEDE AYUDAR A ARRESTAR A ESTOS ESTAFADORES!!!". Bien, muy bien. Eso se llama re-direccionar la comunicación. Y la rata, aunque sólo sabe aprovecharse de la gente ingenua, se ha dado cuenta de que asumir el papel de víctima no le conviene.

Y sin mediar mayor importancia ingresa a su oficina. Se escuchan unos cuantos gritos adentro y envía a su guardia de seguridad personal. Él sólo acata órdenes superiores. Con algo de suerte podrás hacerle entender que si te toca, él estará en problemas mayores. Menos mal lo entiende. Con eso de decirle en el oído que eres conciente de su labor y que él también comprende tu reclamo, las cosas siguen sumando a tu favor.

De pronto aparece un tipo, algo alto, y dice en un tono de voz imponente que se encargará de resolver el problema, siempre y cuando salgas de la puerta. Mentira. No salgas. Para ellos es como si una de las arterías se les estuviera desangrando. Y tú eres el único obstáculo. Sería absurdo dejar de disfrutar ese momento. Ver sus caras desesperadas, transpirando de nervios, asustados hasta los tuétanos. Alejarte?. Olvídenlo. Ellos ya saben tus demandas. Saben cómo curarse, pero esperan sanarse de las heridas, así, sin más ni más. Sin pagar el precio de la operación.

5 minutos más tarde, luego de la hemorragia nerviosa de los vendedores, conseguiste lo que querías. Ahora tu esmarfonnn es, además de un equipo nuevo, un dispositivo con el que puedes hacer llamadas. Conseguiste eso y la admiración del seudo negociador. El tipo altanero te felicita por haberles dado una clase de cómo pasar de estafado a cliente premium fidelizado en menos de 45 minutos.

Y la policía?, bueno, ellos seguirán caminando de un extremo al otro de la calle, velando por la seguridad ciudadana. Y con un poco de suerte, quizás ayuden a las 5 personas que todavía están esperando ser atendidos por los comerciantes estafadores.

Ciudad en movimiento


Sí, íbamos caminando por la avenida, con dirección a nuestras casas. Apenas y 5 cuadras recorridas desde el trabajo. Y qué decíamos?. Nada, lo usual. De acuerdo; más de lo usual. Que no nos contrataron como acordamos, que esta ciudad es insegura, que no se puede comprar un dólar de manera legal, que si conoces a alguien es mejor mostrar una careta que ser honesto, porque se espantan. O sea, política.

El desahogo era intenso. Archie y yo. Dos personalidades distintas, una experiencia en común.

-         ...Che, no sé... le daría una oportunidad más a este país, sólamente si es que…

De pronto, no sé cómo, ni de dónde apareció tremendo muro con piernas. De piel curtida y de accidentado lenguaje. La velocidad con que nos dictaba nuestros últimos segundos de amargura y la convicción de su mirada nos dejó pálidos para emitir reclamo. Como en la peor de nuestras pesadillas.

-         Mira, me dan la computaora, los morrales y todo, todo lo que tengan de dinero… O los reviento a plomazos!

Sólo son segundos. Instantes mínimos de segundos. Donde sientes que el mundo es completamente indiferente. Que pareciera detenerse. O que eres invisible. No hay más ruidos de autos, ni balbuceos de la gente. En un momento había gente caminando a tu costado, y no sabes cómo; el mundo se quedó vacío. Tu voz se esconde tanto como la idea de enfrentar la situación con valentía.

En ese momento no hay héroes. Pueda ser que negocies, que encuentres el lado afectivo del criminal. Pero, héroes?. Sólo en los comics.

Reconozco que al inicio pensé que era alguien pidiendo la dirección de una calle. Pero la cara de Archie, en cámara lenta, me indicaba que se venia lo peor. El tipo soltaba su aliento románticamente sobre su cuello.

Y cuando estábamos a punto de entregarnos como ofrenda al sacrificio, el gentil hombre nos dice:

-         Jajjaja!, es una broma, chamo!.

Y así como llegó, se alejó de nosotros. Y la ciudad?, bueno, la ciudad retomó nuevamente su movimiento.

-         De qué estábamos hablando?


Mal de tontos, consuelo de muchos


Estaba caminando sobre la acera, y el tipo lo único que hacía era colocar los pies en cada una de las divisiones que se dibujan sobre el pavimento. En algunos casos las pisadas no cuadraban perfectas e inevitablemente pisaba sobre la línea divisoria. Y el ciclo volvía a comenzar.
 
Mientras trataba de entender la matemática imperfecta de sus pisadas se puso a pensar en lo infeliz que era. Todo en su vida se había convertido en un constante "Casi". Y al igual que las divisiones de la acera, llegaba un momento en donde todo volvía a comenzar. Pero eso no era fácil de decodificar. Su condición de desafortunado, pasaba de candidato ideal a elemento obsoleto sobre la tierra. Y todo de la noche a la mañana. Si una chica le había sido cariñosa, al día siguiente ella sería antipática o indiferente. Entonces fue allí donde todo comenzó a tener un sentido especial. Todo tiene un ciclo. Un día estás alegre, por consiguiente el ocaso de esa alegría deberá tener un valor proporcionalmente opuesto en algún momento. Existe una fórmula precisa?. La respuesta es SI y NO.
 
Analizó un poco más. Sólo visualizó lo incoherente de este mundo. "Dicen que mientras más dinero ganas, más dinero gastas. La respuesta podría ser sí, como también no". Y procedió a darse una explicación valedera. "Por ejemplo: Si un alto ejecutivo, y bien relacionado, tiene una tarjeta de crédito dorada, es muy probable que reciba invitaciones especiales para una obra de teatro, el estreno de una película, o una estadía en un hotel paradisiaco con todo incluido. Eso no tendrá costo alguno. Pero para el que vive a pie, no sólo tendrá que hacer la cola y pelearse un puesto al momento de llegar a la taquilla o ventanilla de atención para muy probablemente encontrarse con un . No sólo se llevó la decepción de no  conseguir las entradas, sino que el dinero que tenía reservado para eso pasa a perder su valor emocional. Obvio, ese dinero lo había separado para algo especial, y ahora no sólo está sin entradas sino que se lleva la ligera impresión de que los personajes que están impresos en los billetes no sonrien. Todos, absolutamente todos tienen caras de amargados. Lógico. Ninguno de ellos vale lo suficiente individualmente. Es más, usualmente nadie sabe los nombres de los que aparecen en los billetes. Pero lo que si se sabe es que la mayoría llego a un puesto de alto ejecutivo.
 
La suerte es una cosa que varia constantemente. Las coincidencias en cambio se dan por compartir cosas en común. Y el éxito es el resultado de no dejar pasar las oportunidades. El éxito no es una cuestión de suerte y extrañas coincidencias. Si te quejas de tu mala suerte, es porque siempre te equivocas en lo mismo y todavía no te has dado cuenta de probar otras opciones. Si no tienes nada en común con nadie, deberías comenzar por cultivar tus preferencias. Si, pareciera estar todo resuelto en la vida. Pero no, aun falta mucho. Esto sólo es el comienzo del vaiven y el final de todo buen inicio.
 
Te miras al espejo y encuentras una serie de imperfecciones. Llegas a la conclusión de que eres horrible. Que nadie te va a aceptar. Y como no empiezas aceptandote a ti mismo, los demás tampoco toman la posta para llegar a ese objetivo. Lo que sigue a continuación es una serie de cielos grises, lágrimas en los ojos, y una gran tentación por desaparecer de la tierra. Como si al irnos nos fueran a extrañar. Lo cierto es que nadie extrañará a alguien que nunca estuvo. Si agachas la mirada, nadie sabrá qué color tienen tus ojos. Si no expresas tu opinión, probablemente alguien que desee escuchar tu voz no te reconozca al hablar por teléfono. La vida es una serie de accidentes ocasionales. Si no ocasionas un accidente, nadie te recordará. Si no enciendes la cámara para tomar una foto, dificilmente la cámara tendrá almacenado en su memoria ese recuerdo.
 
Entonces, se podría decir que hay suerte variable, accidentes ocasionales, oportunidades que aprovechar, ecuaciones para resolver frente a una situación. Momentos para llorar, para reir, para sufrir, para temer, para roer, para correr, para besar, para soñar, para adorar, para odiar, para amar, y nuevamente volver a empezar. Esto quiere decir que el éxito o el fracaso está en nuestras manos. Y que las coincidencias aumentarán proporcionalmente en la medida que obtengamos uno de los dos resultados. Diablos!, eso reduce a la suerte a su mínima expresión. Algún día dejaremos de desearnos suerte?.
 
Quejarse. Qué es quejarse. Por qué existe el lamento. Me parece que es el reflejo de una debilidad. De un temor que no queremos enfrentar. Un temor que por lo general mide 10 palabras y en nuestra mente mide 10 enciclopedias. Cómo enfrentarlo. Imaginemos que se trata de una puerta, y la única manera de saber lo que sucede detrás de ella es abriendola. Entonces?. La respuesta está otra vez en nuestras manos. Para saber lo que hay detrás no sólo basta con abrir la puerta, sino que hay que ingresar. Luego de esa vivencia, es muy probable que cambiemos los lamentos por el lado opuesto del concepto inicial".
 
Las cuadras estaban llenas de estas divisiones, asi que los temas iban y venian de mil formas. Recordó cómo hacía unos meses atrás una viejecilla lo saludaba todas las noches diciéndole "...que tenga un buen amanecer". Sus palabras eran dulces de colores en mitad de la calle lúgubre y digna de cualquier atentado criminal. Poco faltaba para ser amenazado con un cuchillo. Y sólo el escuchar de la cálida voz, marcaba la diferencia entre una noche de terror y la esperanza de ese gran amanecer prometido.
 
Ahora él vivía en una zona residencial, con todas las comodidades, pero también con todas las frivolidades. Pensó "...y si por aquí vivieran más viejecillas que desearan un mejor amanecer?". Todo lo contrario, por las noches deambulan cuerpos deteriorados, cantando profecias amenazadoras, que concluyen con botellas estrelladas en el pavimento. Probablemente esas botellas se estrellaron más de una vez en alguna de las divisiones que él pisa al caminar cuando se pierde entre sus preguntas y respuestas.
 
"Ya es hora de volver a casa. Mañana habré olvidado mucho de lo que hoy pensé y recordaré lo poco que dije ayer, más de lo que imaginé".


Tantas veces te dejé partir


Los dos se quedaron parados frente a frente. Los ojos algo irritados y unas cuantas lágrimas parecían asomarse. No había razón para decirse "Te amo" o "Quédate a mi lado. Juro hacer lo que sea para no fallarte".

Ambos se despidieron con un abrazo, y un sollozo desesperado pero indiferente, intentaba decir lo que nunca se dijo, pero sólo se dijeron "...nos vemos pronto".

Él se quedó parado, inerte y la dejó irse. Por su mente pasaban ideas como "...y si la detengo?", "...y si le digo que es el amor de mi vida?", "...o si le pido que nos demos una oportunidad más?", pero algo lo hizo quedarse sin decir nada. Y guardó dentro de sí todo lo que sentía. 

Las horas dentro de la oficina pasaron. Casi, casi, como si fuera un día cualquiera. Pero en el fondo esa energía que los había unido por tantos meses no se encontraba más.

Al salir del trabajo, corrió desesperadamente con la esperanza de encontrarla en la habitación de uno de los tantos moteles en donde se habían hospedado para iniciar una carrera juntos. Y al entrar a la habitación, se encontró con el silencio de su ausencia. Y sólo allí, en ese preciso instante sus lágrimas contenidas durante varias horas encontraron la puerta de salida. La cama recibía golpes incansables, acompañados de sus lamentos. Se sentía culpable por haberla perdido. Por haberla dejado partir.

En un pedazo de hoja, dentro de la novela llamada "El huerto de mi amada", página 75, ella escribió "...deja separada esta marca, para poder leerla la próxima vez que volvamos a vernos. Besos".

Otra nota más decía "Gracias por haber soportado la peor parte de mi. Eso ya es un gran mérito. Nos hablamos".

Unas cuantas semanas atrás, antes de la despedida, ellos convivían. Trabajar y vivir juntos sin ser pareja era una pesadilla. A ella le gustaba dormirse con el tv encendido. El detestaba ver tv. Pero no importaba, ella era feliz así, y a él no le costaba nada esperar a que ella se quede dormida para apagar el aparato.

Ambos dormían en camas separadas y el calor era insoportable. Del techo giraba un ventilador algo antiguo que a duras penas mantenía fresca la habitación. "Ojala y no esté tan viejo como para que se caiga", pensaba. La noche era larga y el sueño lo iba invadiendo. Pero lo que más lo invadía era la silueta del cuerpo de ella. Una figura atractiva dibujaba sus curvas de manera muy acentuada. Luego de imaginar un encuentro cercano onírico, giraba hacia el otro lado de la cama para dormir. Las miradas se sienten en la noche. Él también se sentía observado. 

Noche tras noche era lo mismo. Al amanecer debían turnarse el baño. Un baño con la puerta vieja y cuarteada. Entre las rajaduras se notaban sus cuerpos al pasar del lavabo a la ducha en un solo paso. Los dos actuaban casi como si no existieran. No había coquetería. No había roces. No había nada emocional. Todo era militarizado. "Listo. Ya terminé. Puedes pasar".

Al inicio caminaban juntos hasta el trabajo, y por las noches regresaban de la misma manera. Una relación muy extraña se estaba iniciando. Vivían como si fueran pareja, pero no actuaban como tal. Era una vida a medias. Ella planeaba durante todo el día cómo ahorrar para encontrar un apartamento donde pudieran vivir mejor "…en la tarde estuve tomando fotos a los apartamentos. Me gustaría que los veas. Hay una casa muy bella que está media destruida. Quien sabe, a lo mejor podríamos reconstruirla a nuestro gusto. Nuestras familias podrían tener una habitación especial dónde llegar cuando vengan a visitarnos. No sé, al menos a mi me gustaría tener un espacio para mi mamá".

La cara de él era desconcertada. La escuchaba con mucha emoción, pero no lo hacía notar. Siempre cuidaba ese detalle. Sabía que entre los dos no sucedía nada, pero tampoco quería apartarse de su lado. Escucharla hablar así significaba que valía la pena tolerar casi cualquier mal humor.

Pero la vida a su lado no era sencilla. Por más que trataba de entenderla, ella le cerraba más los espacios de su corazón. Él imaginaba en más de una ocasión hacerla reír para robarle un beso. Y cuando por fin tenía la oportunidad de robarle el beso, prefería quedarse con la imagen de su bella sonrisa y no arriesgar por nada del mundo su amistad.

Ella elegía las posadas donde debían quedarse hasta mejorar su condición económica, y elegía los más baratos sin saber que eran moteles. Él dejaba que eligiera los moteles porque le parecía curioso con qué seguridad evaluaba y tomaba la decisión. Y durante la noche ella comprendía el por qué de la sonrisa sarcástica de él. Los gemidos y correrías apasionadas, de parejas improvisadas les quitaban el sueño. En la entrada del motel decía "Con Piscina", en ningún momento se leyó "Con Escándalo".

Los domingos cada uno se iba a caminar por su cuenta. Desconocidos totales. Pero la ciudad no era tan grande como para no cruzarse en algún punto, así que no les quedaba otra que saludarse y despedirse al cruzarse "Hola y adiós".
  
El día que decidieron enrumbarse en esta aventura él no cargaba un centavo en el bolsillo para viajar juntos a otro país. El proyecto de trabajo que habían planificado con tanta dedicación meses atrás había fracasado. El poco dinero ganado se repartió y lo que le correspondía a él ya se había usado. Pero ella nunca dejó de creer en intentarlo una vez más y tomaron la aventurada decisión de irse a otro país, sin saber todo lo que esto significaría.

Los cuatro días por tierra, fueron así de literales "enterrados". Cruzar las fronteras era el inicio y el cierre de cada capítulo. El cambio de moneda era tan áspero como el comportamiento de su gente. Y esa aspereza también iba formando parte de sus emociones a medida que avanzaban.

"…ni se te ocurra dejarme sola aquí. Un segundo sola y me matan", eso les pasó por cruzar la primera frontera y no cambiar la moneda local a tiempo. Siete cuadras oscuras y húmedas. Un tumulto de personas con pinta de pocos amigos y sin muchas ganas de brindar ayuda nos rodeaban "…déjame regresar a la frontera. Cambio la moneda y listo. No va a pasarte nada". Mentira, por su mente él sabía que dejarla sola en medio de los lobos, era como ofrecerla en sacrificio a cambio de nada. Pero también sabía que el carácter de ella era tal que con una sola palabra a viva voz los tendría comiendo de sus manos.

Para cuando él regresó todo marchaba bien. Dos o tres personas ya eran sus amigos. Entre ellos un policía local, testigo inerte y obsoleto del desorden que lo rodeaba. A lo mejor eso era el orden. Era mejor no imaginar cómo sería ver ese lugar desordenado.

Luego de tres horas de espera subieron a un taxi. Durante el viaje él trato de darle ánimos, pero la respuesta no fue muy educada "…nunca me contradigas cuando estoy molesta", le dijo. Él sintió la densidad de un trago amargo pasar por su garganta. No era justo para los dos. Pero él dejaba que ella se desahogara. La amaba demasiado y sin saber un por qué en especial, sólo la dejaba ser.

De pronto recordó "Mar adentro", una de tantas películas que vieron juntos en casa y luego de un largo día de trabajo, acostados los dos sobre el sofá. A veces acompañados de pop corn, otras de pancakes, y muchas de estar casi acostados como si fuera la cama de ambos. Con la única diferencia de no atreverse a tomarse de las manos y menos de darse un beso. El escenario que pasaban en ese instante no era el mismo, pero valía la pena recordarlo.

Cuando la conoció por primera vez se fijó en sus rasgos "...rubia, de ojos verdes, delgada y demasiado delgada para mi gusto. Muy pálida y con cara de amargada" y concluyó "...no es mi tipo".

Pero con el tiempo aprendió que eso del "no es mi tipo" es algo pasajero. Porque es el tiempo el que te ayuda a comprender que más allá de un rasgo físico, lo que te atrapa son los momentos que compartes con esa persona. No importa su color. Son sus acciones.

"Papas fritas!!!", sus favoritas. Y además eran baratas. Algo que ella lo asumía como descubrimiento y un gran aporte a sus finanzas. "Ahorro", algo casi religioso en su vida "Nunca sabes cuándo te hará falta dinero para una emergencia". Y él le decía "Nunca sabrás lo que es vivir si sólo vives para trabajar". Una lección más que aprendió de ella.

Pasaron tres meses desde el último "...nos vemos pronto", y una llamada a su celular le anunciaba su visita. Sí, volverían a verse tal y como ella lo prometió. Pero sólo sería una visita de paso, porque debía regresar a su país, a visitar a sus padres. Esa mañana fue al terminal de buses con mucha emoción. Caminó de extremo a extremo sin encontrarla, hasta que ella le tocó el hombro por detrás. Su corazón palpitaba muy emocionado, "…estuve preguntando si había pasaje para irme este mismo día a casa. Pero me dicen que no hay pasajes hasta dentro de dos días", "…pero no hay problema, quédate en mi casa. Puedes descansar allí y así no tienes nada en qué gastar".

Sus ojos llevaban el mismo brillo de la última vez que se vieron, como si no hubiera sucedido nada entre el primer y el último "...nos vemos pronto". Ambos se notaban emocionados con el reencuentro. Lo siguiente fue observarla dormir. Un ángel descansaba sobre su cama. Tranquila, segura, hermosa, composición musical, musa de sus sueños, estigma de sus indecisiones. Un momento inmortal. Un momento que no podía ser arruinado por nada. Todo era perfecto.

Cuando ella despertó se sintió tan cómoda y tan emocionada como él. Era como si ya hubiese llegado a casa y todavía no se enteraba de lo ocurrido. Sobraban los momentos. No había espacio para hablar tonterías "…quiero que te quedes conmigo" pensó en decir, pero no se atrevió. Ella ya estaba con él, no tenía sentido redundar.

Y luego de esos dos días increíbles sucedió nuevamente lo mismo. Un abrazo, con casi lágrimas en los ojos y el usado pero no entretenido "...nos vemos pronto".

Ella lo miraba, como esperando una reacción. Él se quedó inmóvil, indiferente, incrédulo, inseguro de acertar con una oración que cambiaría el destino de los dos "...no te vayas, soy feliz a tu lado. Te amo!"


Pero el ruido de los pasajeros y los segundos previos al arribo fueron testigos de la despedida.

 

lunes, 24 de noviembre de 2008

Ángel o demonio.

Después de trasnochar pasada las 5 de la mañana, lo único que deseas es llegar a tu cama y dormir. Pero no. Algo tenía que pasar. En el último cruce para llegar a casa, en plena esquina del semáforo, había 3 personas, de las cuales una de ellas observaba imparcialmente la escena, y las otras dos se ladraban entre sí, al punto de raspar sus gargantas con tallos de espinas. Desde el taxi, éramos el conductor, mi compañero de juergas y yo, el único que se fijó en el detalle espinoso.

Digo detalle, porque de pronto el perro del novio cambió los ladridos por un intolerante golpe en la mandíbula de su ahora menos agraciada pareja. La tercera compañía que tenían al costado, continuaba su labor como observadora y sin pestañear. No sé, como que la cosa andaba dispar.

Y qué crees. Llegar a mi cama para luego pensar que debí hacer algo?. De ninguna manera.

Ante la incrédula mirada de mi dupla de juerga, salí del taxi y me dirigí sigilosamente por detrás del pitt bull. Lanzarle un huesito hubiese sido una buena idea. Pero no había huesitos a la mano. Así que el buen pitt bull recibió un viaje estrepitoso, cual meteorito desenfrenado y usando como pista de aterrizaje ese entre ceja y ceja que no se esperaba. Nada más impactante que el factor sorpresa.

Exacto. Sorpresa. Sorpresa es la que tuve cuando el pitt bull, de nombre Lázaro, volvió en sí no en 3 días, sino en 3 segundos. Lo extraño de todo esto es que, la riña no era 2 contra 2, sino 3 contra mí. Y si, es el momento en que dices “debí irme a mi cama”.

Pero ok. La riña todavía era entre Lázaro y yo. Era el round 2 y lo que seguía era un ensayo de la patada de la grulla. Ahora, yo me pregunto: Qué carajos tenía que hacer la novia defendiendo al pitt bull?. Nunca recibí una respuesta a la pregunta. La que si recibió una respuesta y contundente fue la novia. Cómo se le ocurre ponerse en medio de la patada de la grulla?.

Qué cagada. Me quedé sin alas en un solo paso. Y claro, no es que tuviera 3 fans desesperados tratando de pedirme un autógrafo. Ahora era yo el que intentaba regresar a mi taxi. A mi cama. A mi vida. Como lo era antes de llegar a ese semáforo.

 

sábado, 11 de octubre de 2008

El día de mi boda

- Sobriiiiiiiiiiiiiiiiiiinooooooo!!!, qué lindo mi sobrino bellooo! (muak, muak, muaaaaaaak)

 

Cuando mi tía llegaba a casa con esa irritable alegría, era porque algo se traía entre manos. Y a mis 5 años siempre le otorgaba el beneficio de la duda.

 

- …ya me dieron la buena noticia!!!.

- …la buena noticia?

 

Sí, luego de la besuqueada mi rostro no estaba muy prolijo que digamos.

 

- … que te vas a casar!!!. Cómo, tu mamá no te contó?

 

Mamá se encontraba en el hospital, con mi tercer hermano en brazos. Mi tía regresaba de allí, de visitarla.

 

- …que me casooo?

- …siiiiiiiii!

- …pero con quién, por qué, cómo es eso de que me voy a casar!

- …ay, sobrino, el día del matrimonio la conoces y listo!.

- …Tú me estás fastidiando (jodiendo queda mejor, pero tenía 5 años)

- …Cómo crees?.

- …yo no me voy a casar. No quiero! Agggggggggggggg!!! (a esa edad, como a los 33, se sigue pensando lo mismo)

 

Los días pasaban, y cada vez que me encontraba con mi tía era la misma vaina. Y no le importaba si estaban mis primos, tíos y amigos. Ellos detenían sus conversaciones por unos segundos sólo para ver cómo tomaba la agresiva y temeraria maniobra que me tocaría asumir. Para cuando yo escuchaba las carcajadas ya me encontraba en mi refugio, en mi habitación, dandome de cabezazos contra la pared.

 

Ante mi impotencia, decidí dejar de respirar lo máximo posible, con tal de no volver a este mundo, o de olvidarme por completo de mi existencia. 

 

Y como no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, acepté la idea de casarme. Bajo una sola condición…

 

- …Me casaré, pero no la besaré!!!

 

Mentira, ya la idea me gustaba tanto que me puse a practicar frente al espejo del baño. Me pasaba horas y horas concentrándome en el primer beso nupcial. Observaba con mucha atención los besos que se daban en las telenovelas y registraba con precisión la posición de la cabeza, los ojos cerrados y por supuesto, los labios.

 

Regresaba nuevamente al baño y al empañar el espejo me sentía mal, porque no me podía ver bien, además estaba muy cerca y si quería cerrar los ojos era imposible saber si lo hacía a la perfección. El otro gran problema era que el espejo estaba demasiado frío. Entonces comencé a besarme en la palma de la mano. Mucho mejor. Al menos la sensación me permitía algo mucho más aproximado. Salvo un pequeñísimo detalle. Quedaba saliva. Qué asco!. Cómo iba dejarle saliva en la boca a mi esposa (qué ingenuo). Luego de unos segundos más encontré la solución. Si dejabas la boca abierta durante un buen rato los labios se quedaban secos, y si eso no funcionaba bien escondería parte de mis labios hacia dentro. Perfecto!. Ya tenía resuelto esa parte de la boda.

 

El día de la boda se acercaba y fuimos a comprar el traje de novio, la camisa, mis zapatos, calzoncillos, medias; todo nuevo. Mi tía esta vez estaba aburridísima porque su acoso no surtía efecto. Ni siquiera cuando me obligaba a pensar en el beso que yo tanto había negado y puesto como condición para casarme.

 

Ya todos estábamos camino a la iglesia. Yo no conocía a mi futura esposa. Sólo sabía, por algunas cosas que había escuchado por ahí, "...es bieeeennn feita la niña". Tenía la esperanza de que también fuese una broma.

 

Estando en la puerta de la iglesia, me di cuenta de lo que estaba pasando realmente. Pero cómo no lo vi venir. No saben el trauma que eso me dejo. Toda la gran ilusión de estar pensando en el matrimonio para que al final uno se termine enterando de que todo es una farsa. Ok, yo era uno de los tantos petisos que seguia a los novios arrojando los pétalos de rosa. Pero a mi me parece suficiente razón como para diagnosticar fobia al matrimonio. 


Dicen que la principal razón del divorcio es el matrimonio. Asi que es mejor andar prevenidos.

El Grillo (alias: cri-cri)




Fueron dos semanas de mover de un la´o pal otro la neverita, de arriba pa´ abajo, y el sonidito del malparidito este se hacía tristón, o sea, encima era melancólico. Así que ME HICE AMIGO DEL GRILLO. Una vez estrechada la relación, interpretaba entre sueños lo que él me quería decir, y lo invite a tomar unas cervezas. Resulta que era un grillo con 3 grillitas. Encima “cancherito” mi brother.
SOLUCION?. Los pise. A los 3, de una sola nomaaaaa!. Luego de varias semanas de tener las ojeras colgando como cortinas romanas, la paz regresó a mi hogar.
Moraleja: No hay nada más hermoso que aprender a convivir con la naturaleza. 

No es un cuento de tantos. Es uno por tu cumple.


Pero lo que si debes de recordar con grata emoción es esa noche en la que salimos a caminar por San Telmo, recorriendo esas calles tan llenas de historia, y que además quedan cerca de tu casa. Cómo olvidar esas copas de vino, acompañadas de los más ricos cortes de queso. Y luego catando tantos tipos de cerveza. En realidad yo y mis curiosidades por probar.
Qué rápida y qué corta fue esa semana. Pero qué memorable a la vez. Me encantó subirme a esa embarcación de Puerto Madero. Lo más probable es que yo no me hubiese animado a subir solo. Creo que lo hice sólo por tu iniciativa.
Quedaron pendientes las noches de discoteca, los almuerzos y las cenas. Quedó de sobra cada conversa, sobre nuestros romances. Aaaahhh, nuestras aventuras y desventuras. Qué divertido.
Bueno, sí, sé que me pediste un cuento como regalo por tu cumpleaños. Y de verdad, lo pienso y lo pienso. Lo cierto es que aún no sé por dónde comenzar. Lo que sé es que son casi las 12 para terminar el día de tu cumple, y no es que te haya querido dejar para el último, no. Pero imagino que la sorpresa será igual de buena cuando leas estas líneas.
Líneas que me gustarían vivir otra vez en persona. Porque como esos días, no habrá esas sonrisas y esas miradas, salvo que lo volvamos a repetir.
Por esa linda y hermosa amistad que tenemos. Feliz cumpleaños V!
PD. Queda pendiente un reencuentro, para que no digas que la idea es puro cuento.

viernes, 10 de octubre de 2008

Mozarella Delivery


22 minutos de angustia y todavía seguía mirando sin ganas de treparse a esa moto chatarra, con el motor reventando cual granos de maíz en la olla. Por qué no teníamos una moto chévere?. Pensaba Alfredito. Qué esperas para subir!, apúrate que se nos hace tarde. Le dijo su viejo.

Alfredito llevaba los ojos apretados contra el viento frío y húmedo del reciente otoño que además le impedía tomar una posición segura, todo lo contrario, abrazaba con mucho temor a su padre por la cintura. El motor vibraba tanto que adormecía cada parte de su cuerpo. Sus pies apenas llegaban a apoyarse sobre los pedales traseros, o al menos eso era lo que él creía.

Las curvas causaban un equilibrio accidentado. Apóyate bien carajo!. Le decía su papá. Y es que la moto perdía su rumbo y hasta parecía que caerían al piso en cualquier momento. Alfredito se sentía responsable de la seguridad de ambos, así que buscó dónde apoyar sus pies. Subió sus pequeñas zapatillas y las reacomodó. Bien!, pensó, ahora sólo le faltaba resolver su miedo al pasar entre los autos, cuando estos se encontraban esperando la luz verde, su papá aceleraba más y no tomaba en cuenta las luces del semáforo. Alfredito sólo quería llegar al final del viaje.

No podía demostrarle a su viejo una gota de sufrimiento. Los hombres no deben llorar!, le decían cada vez que él se golpeaba o se frustraba por algo.

Una quemazón inexplicable en los pies le impidió mantener su pequeño carácter de macho infante. Las lágrimas invadieron la camisa de papá y no demoró en darse cuenta. Estacionó la moto de inmediato y encontró a su pequeño hijo en un mar de lágrimas. Pero por qué lloras!!!, si ya falta poco para llegar!!!. Entre sollozos y casi sin poderle entender, Alfredito murmuro: …mis pies!.

La suela de sus zapatillas, pegadas al motor durante 17 minutos, se habían convertido en mozarella. Rápidamente lo sacó de la moto, lo sentó sobre sus faldas y le retiró las zapatillas. Sus pies se encontraban ampollados. Pero por qué no me dijiste antes hijo, qué huevón que eres!. -Huevón serás tú, por comprarte esta moto de mierda, que a duras penas puede andar, malparido!. Bueno, eso no fue lo que realmente respondió Alfredito, pero de haber tenido la edad suficiente lo habría dicho sin duda alguna.

Después de todo Alfredito supo sacarle provecho al viaje. Su viejo, bajo la condición de no contarle nada a mamá, lo llevó a comprarle unas zapatillas nuevas. Las que él eligiera. Desafortunadamente Alfredito nunca tuvo buen gusto, así que al viejo le salieron baratas, como la moto.

I GOT YOU

La exploración sexual es uno de los temas menos conversado por un niño de 6 años. Encontrar erecto sus genitales sin explicación alguna, sentir esa comezón causado por razones desconocidas, por cosas que no se pueden preguntar con suma facilidad o porque “tu cosita” lleva un sobrenombre. Y todos, absolutamente todos, se cubren y guardan mucho pudor.

La primera vez que ves a tu prima desnuda te haces la gran pregunta “…y que pasó con su cosita?”. Obvio, tu mirada se desvía para un lado, no deseas incomodar a nadie, pero de tanto en tanto te vuelves a fijar sin querer en esa zona “…qué le pasó a su cosita”. Luego te olvidas, pero la vida no es la misma. Poco a poco te vas llenando de muchas inquietudes y no tienes respuesta.

A la edad de 8 años tu madre deja de bañarte en la ducha, te quieres sentir un hombre y tampoco deseas que vean… “tu cosita”. Alguna vez viste salir a tu padre de la ducha y pensaste… “mi cosita será así cuando sea grande”, ah, pero no nos olvidemos del “…cuándo me crecerán los vellos?, por qué YO no tengo vellos?”.

Lo que menos te imaginas es el uso que “tu cosita” tendrá al momento de ser un adulto. Te enteras por ahí entre tus amigos que la unión de ambas “cositas”, o sea, el tuyo y el de ella pueden lograr un nuevo integrante para el mundo. Entonces piensas en las pocas y las muchas veces que lo hicieron algunos adultos.

Hasta que un día la habitación de tus padres se queda vacía, ellos salieron a una fiesta, y sabes que tardaran mucho en regresar. Enciendes la tv, miras los programas que quieres, sin que nadie te los prohíba. La sensación de libertad te dura poco, lo divertido es hacerlo cuando hay un adulto que te lo prohíba. Los programas para adultos no eran tan interesantes como pensabas. Te da algo de sueño y de pronto se te ocurre abrir el armario de tus viejos. Todo un mundo se abre ante tus ojos. Relojes, perfumes, anteojos de sol, corbatas, zapatos, todo lo necesario para ser un adulto, para lucir como un adulto. Eso te toma otros 15 minutos más hasta que te vuelves a aburrir. Bostezas y cuando el sueño parecía hacerte presa de la noche encuentras algo que jamás se te habría podido imaginar; una caja llena de videos, en las portadas aparecen fotografías de mujeres desnudas siendo atravesadas como por un sable por detrás. Allí es cuando ocurre algo insólito. La idea que tenías acerca de “tu cosita” tenía otro fin.

Eliges un video, lo colocas en el VHS. La emoción que sientes por dentro es inexplicable. Volteas hacia la puerta de la habitación pensando que de pronto tus padres llegaron. No contento con eso, corres hasta la ventana que da a la calle, te parece reconocer el motor del auto de tus viejos, pero no, son los vecinos. Pasas por la cocina, miras el reloj, son las 11pm. Todavía es temprano. El corazón se te acelera, lo que estás por ver es algo que nadie te había dicho antes.

Estás frente al televisor y lo que ven tus ojos es inédito. Subes un poco más el volumen. No mucho, pues tus padres pueden llegar en algún momento. Una gota de sudor cae por tu frente y se desliza por el costado de tu rostro. No lo puedes creer, y tanto te impresiona que repites algunas escenas. Tantas cosas se pueden hacer con “tu cosita”, que digamos, a esa edad supones otro nombre de mayor envergadura. Valga la redundancia.

Escuchas ruidos que vienen de afuera. Ni siquiera lo piensas. Sacas el video, apagas el VHS. Lo mismo haces con el televisor. Dejas todo como estaba. En tu mente queda grabada cada cosa que tomaste y revisaste del armario. Todo queda igual. Sales de la habitación con dirección a la tuya. Hábilmente y sin perder el paso miras hacia la entrada principal y todo sigue igual. Nadie llegó.

El corazón te palpita como un tambor africano. La ansiedad de abajo también. Respiras un tanto agitado, pero logras recuperar tu ritmo. Luego de semejante espectáculo sólo te resta recordar cada imagen sobre tu cama, mirando el techo. Los mejores 25 minutos de tu vida se convirtieron en años de experiencia.

A la mañana siguiente te levantas, y tratas de recordar cada escena. Ya no es lo mismo. Anoche todo era más intenso. Y aunque la intensidad de las imágenes disminuyó, hay algo que a tus 12 años creció con vigor y desconoces la forma de regresarlo a la normalidad.

Hay muchas preguntas que no tienen respuestas, y hay otras respuestas que llegarán sin preguntar.

Dos dedos de frente

Hablando de dedos. Una de las chicas de la oficina, previo par de tetas trabajadas para el inicio del año, olvidó su dedo índice entre el umbral de la puerta y la no muy mal intencionada puerta.

Ahora nos encontramos en la cocina. 8 personas la rodeamos. 3 de recursos humanos. La nena, que antes caminaba por los pasillos mostrando sus nuevas creaciones, ahora llora desgarradoramente y dice: "HE VISTO COMO SE ME ABRIA LA PIEEEEELLL!!!. HE VISTO MI HUESOOOO!!!" - una mínima conclusión, luego de lo que dice, me hace pensar que de ser cierto lo que denuncia, el piso estaría moderadamente lleno de sangre.

Miro hacia los alrededores, y no hay una gota de su imaginación desparramada. Probablemente toda la sangre haya sido absorbida para acomodar ese par de buenas razones que recién estrena. No lo sé. Pero lo que sí sé, es que todo lo que dice no es verdad.

Por alguna extraña razón el gerente de recursos humanos se queda tomándole la mano y mirando hacia el vacío. Inspirado. Como si Miyagui, el maestro de artes marciales de Karate Kid, se hubiera apoderado de él. Ella sigue sufriendo. Nadie hace nada. Yo sólo atino a servirme agua fría. Tengo mucha sed. Además, las 7 personas restantes siguen paradas allí, como si de un tablero de ajedrez se tratara. Al terminar de llenar mi botella con agua, uno de los asistentes dice desesperado: "HAY QUE LLAMAR AL SEGUROOO!".

Antes de retirarme, volví a fijarme si chorreaba sangre. No había una gota. Será que Miyagui realmente se había apoderado de nuestro gerente de recursos humanos?.

20 minutos más tarde, la nena sigue caminando por los pasillos como siempre, y continúa luciendo sus "DOS UNICAS PRESENTACIONES, DOS!!!...". Calculo que por su mente debe pasar una idea... "FELIZMENTE LA PUERTA NO SE CIERRA CON LAS TETAS".