- Sobriiiiiiiiiiiiiiiiiiinoooooo
Cuando mi tía llegaba a casa con esa irritable alegría, era porque algo se traía entre manos. Y a mis 5 años siempre le otorgaba el beneficio de la duda.
- …ya me dieron la buena noticia!!!.
- …la buena noticia?
Sí, luego de la besuqueada mi rostro no estaba muy prolijo que digamos.
- … que te vas a casar!!!. Cómo, tu mamá no te contó?
Mamá se encontraba en el hospital, con mi tercer hermano en brazos. Mi tía regresaba de allí, de visitarla.
- …que me casooo?
- …siiiiiiiii!
- …pero con quién, por qué, cómo es eso de que me voy a casar!
- …ay, sobrino, el día del matrimonio la conoces y listo!.
- …Tú me estás fastidiando (jodiendo queda mejor, pero tenía 5 años)
- …Cómo crees?.
- …yo no me voy a casar. No quiero! Agggggggggggggg!!! (a esa edad, como a los 33, se sigue pensando lo mismo)
Los días pasaban, y cada vez que me encontraba con mi tía era la misma vaina. Y no le importaba si estaban mis primos, tíos y amigos. Ellos detenían sus conversaciones por unos segundos sólo para ver cómo tomaba la agresiva y temeraria maniobra que me tocaría asumir. Para cuando yo escuchaba las carcajadas ya me encontraba en mi refugio, en mi habitación, dandome de cabezazos contra la pared.
Ante mi impotencia, decidí dejar de respirar lo máximo posible, con tal de no volver a este mundo, o de olvidarme por completo de mi existencia.
Y como no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, acepté la idea de casarme. Bajo una sola condición…
- …Me casaré, pero no la besaré!!!
Mentira, ya la idea me gustaba tanto que me puse a practicar frente al espejo del baño. Me pasaba horas y horas concentrándome en el primer beso nupcial. Observaba con mucha atención los besos que se daban en las telenovelas y registraba con precisión la posición de la cabeza, los ojos cerrados y por supuesto, los labios.
Regresaba nuevamente al baño y al empañar el espejo me sentía mal, porque no me podía ver bien, además estaba muy cerca y si quería cerrar los ojos era imposible saber si lo hacía a la perfección. El otro gran problema era que el espejo estaba demasiado frío. Entonces comencé a besarme en la palma de la mano. Mucho mejor. Al menos la sensación me permitía algo mucho más aproximado. Salvo un pequeñísimo detalle. Quedaba saliva. Qué asco!. Cómo iba dejarle saliva en la boca a mi esposa (qué ingenuo). Luego de unos segundos más encontré la solución. Si dejabas la boca abierta durante un buen rato los labios se quedaban secos, y si eso no funcionaba bien escondería parte de mis labios hacia dentro. Perfecto!. Ya tenía resuelto esa parte de la boda.
El día de la boda se acercaba y fuimos a comprar el traje de novio, la camisa, mis zapatos, calzoncillos, medias; todo nuevo. Mi tía esta vez estaba aburridísima porque su acoso no surtía efecto. Ni siquiera cuando me obligaba a pensar en el beso que yo tanto había negado y puesto como condición para casarme.
Ya todos estábamos camino a la iglesia. Yo no conocía a mi futura esposa. Sólo sabía, por algunas cosas que había escuchado por ahí, "...es bieeeennn feita la niña". Tenía la esperanza de que también fuese una broma.
Estando en la puerta de la iglesia, me di cuenta de lo que estaba pasando realmente. Pero cómo no lo vi venir. No saben el trauma que eso me dejo. Toda la gran ilusión de estar pensando en el matrimonio para que al final uno se termine enterando de que todo es una farsa. Ok, yo era uno de los tantos petisos que seguia a los novios arrojando los pétalos de rosa. Pero a mi me parece suficiente razón como para diagnosticar fobia al matrimonio.
Dicen que la principal razón del divorcio es el matrimonio. Asi que es mejor andar prevenidos.
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