
La exploración sexual es uno de los temas menos conversado por un niño de 6 años. Encontrar erecto sus genitales sin explicación alguna, sentir esa comezón causado por razones desconocidas, por cosas que no se pueden preguntar con suma facilidad o porque “tu cosita” lleva un sobrenombre. Y todos, absolutamente todos, se cubren y guardan mucho pudor.
La primera vez que ves a tu prima desnuda te haces la gran pregunta “…y que pasó con su cosita?”. Obvio, tu mirada se desvía para un lado, no deseas incomodar a nadie, pero de tanto en tanto te vuelves a fijar sin querer en esa zona “…qué le pasó a su cosita”. Luego te olvidas, pero la vida no es la misma. Poco a poco te vas llenando de muchas inquietudes y no tienes respuesta.
A la edad de 8 años tu madre deja de bañarte en la ducha, te quieres sentir un hombre y tampoco deseas que vean… “tu cosita”. Alguna vez viste salir a tu padre de la ducha y pensaste… “mi cosita será así cuando sea grande”, ah, pero no nos olvidemos del “…cuándo me crecerán los vellos?, por qué YO no tengo vellos?”.
Lo que menos te imaginas es el uso que “tu cosita” tendrá al momento de ser un adulto. Te enteras por ahí entre tus amigos que la unión de ambas “cositas”, o sea, el tuyo y el de ella pueden lograr un nuevo integrante para el mundo. Entonces piensas en las pocas y las muchas veces que lo hicieron algunos adultos.
Hasta que un día la habitación de tus padres se queda vacía, ellos salieron a una fiesta, y sabes que tardaran mucho en regresar. Enciendes la tv, miras los programas que quieres, sin que nadie te los prohíba. La sensación de libertad te dura poco, lo divertido es hacerlo cuando hay un adulto que te lo prohíba. Los programas para adultos no eran tan interesantes como pensabas. Te da algo de sueño y de pronto se te ocurre abrir el armario de tus viejos. Todo un mundo se abre ante tus ojos. Relojes, perfumes, anteojos de sol, corbatas, zapatos, todo lo necesario para ser un adulto, para lucir como un adulto. Eso te toma otros 15 minutos más hasta que te vuelves a aburrir. Bostezas y cuando el sueño parecía hacerte presa de la noche encuentras algo que jamás se te habría podido imaginar; una caja llena de videos, en las portadas aparecen fotografías de mujeres desnudas siendo atravesadas como por un sable por detrás. Allí es cuando ocurre algo insólito. La idea que tenías acerca de “tu cosita” tenía otro fin.
Eliges un video, lo colocas en el VHS. La emoción que sientes por dentro es inexplicable. Volteas hacia la puerta de la habitación pensando que de pronto tus padres llegaron. No contento con eso, corres hasta la ventana que da a la calle, te parece reconocer el motor del auto de tus viejos, pero no, son los vecinos. Pasas por la cocina, miras el reloj, son las 11pm. Todavía es temprano. El corazón se te acelera, lo que estás por ver es algo que nadie te había dicho antes.
Estás frente al televisor y lo que ven tus ojos es inédito. Subes un poco más el volumen. No mucho, pues tus padres pueden llegar en algún momento. Una gota de sudor cae por tu frente y se desliza por el costado de tu rostro. No lo puedes creer, y tanto te impresiona que repites algunas escenas. Tantas cosas se pueden hacer con “tu cosita”, que digamos, a esa edad supones otro nombre de mayor envergadura. Valga la redundancia.
Escuchas ruidos que vienen de afuera. Ni siquiera lo piensas. Sacas el video, apagas el VHS. Lo mismo haces con el televisor. Dejas todo como estaba. En tu mente queda grabada cada cosa que tomaste y revisaste del armario. Todo queda igual. Sales de la habitación con dirección a la tuya. Hábilmente y sin perder el paso miras hacia la entrada principal y todo sigue igual. Nadie llegó.
El corazón te palpita como un tambor africano. La ansiedad de abajo también. Respiras un tanto agitado, pero logras recuperar tu ritmo. Luego de semejante espectáculo sólo te resta recordar cada imagen sobre tu cama, mirando el techo. Los mejores 25 minutos de tu vida se convirtieron en años de experiencia.
A la mañana siguiente te levantas, y tratas de recordar cada escena. Ya no es lo mismo. Anoche todo era más intenso. Y aunque la intensidad de las imágenes disminuyó, hay algo que a tus 12 años creció con vigor y desconoces la forma de regresarlo a la normalidad.
Hay muchas preguntas que no tienen respuestas, y hay otras respuestas que llegarán sin preguntar.
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