lunes, 24 de noviembre de 2008

Ángel o demonio.

Después de trasnochar pasada las 5 de la mañana, lo único que deseas es llegar a tu cama y dormir. Pero no. Algo tenía que pasar. En el último cruce para llegar a casa, en plena esquina del semáforo, había 3 personas, de las cuales una de ellas observaba imparcialmente la escena, y las otras dos se ladraban entre sí, al punto de raspar sus gargantas con tallos de espinas. Desde el taxi, éramos el conductor, mi compañero de juergas y yo, el único que se fijó en el detalle espinoso.

Digo detalle, porque de pronto el perro del novio cambió los ladridos por un intolerante golpe en la mandíbula de su ahora menos agraciada pareja. La tercera compañía que tenían al costado, continuaba su labor como observadora y sin pestañear. No sé, como que la cosa andaba dispar.

Y qué crees. Llegar a mi cama para luego pensar que debí hacer algo?. De ninguna manera.

Ante la incrédula mirada de mi dupla de juerga, salí del taxi y me dirigí sigilosamente por detrás del pitt bull. Lanzarle un huesito hubiese sido una buena idea. Pero no había huesitos a la mano. Así que el buen pitt bull recibió un viaje estrepitoso, cual meteorito desenfrenado y usando como pista de aterrizaje ese entre ceja y ceja que no se esperaba. Nada más impactante que el factor sorpresa.

Exacto. Sorpresa. Sorpresa es la que tuve cuando el pitt bull, de nombre Lázaro, volvió en sí no en 3 días, sino en 3 segundos. Lo extraño de todo esto es que, la riña no era 2 contra 2, sino 3 contra mí. Y si, es el momento en que dices “debí irme a mi cama”.

Pero ok. La riña todavía era entre Lázaro y yo. Era el round 2 y lo que seguía era un ensayo de la patada de la grulla. Ahora, yo me pregunto: Qué carajos tenía que hacer la novia defendiendo al pitt bull?. Nunca recibí una respuesta a la pregunta. La que si recibió una respuesta y contundente fue la novia. Cómo se le ocurre ponerse en medio de la patada de la grulla?.

Qué cagada. Me quedé sin alas en un solo paso. Y claro, no es que tuviera 3 fans desesperados tratando de pedirme un autógrafo. Ahora era yo el que intentaba regresar a mi taxi. A mi cama. A mi vida. Como lo era antes de llegar a ese semáforo.

 

1 comentario:

Jorge Lizon dijo...

bien lo dice el dicho: en pelea de dos, el tercero siempre sobra... pero va bien, yo también le hubiera partido la madre al cobarde que se digno pegarle a una mujer.