Fueron dos semanas de mover de un la´o pal otro la neverita, de arriba pa´ abajo, y el sonidito del malparidito este se hacía tristón, o sea, encima era melancólico. Así que ME HICE AMIGO DEL GRILLO. Una vez estrechada la relación, interpretaba entre sueños lo que él me quería decir, y lo invite a tomar unas cervezas. Resulta que era un grillo con 3 grillitas. Encima “cancherito” mi brother.
SOLUCION?. Los pise. A los 3, de una sola nomaaaaa!. Luego de varias semanas de tener las ojeras colgando como cortinas romanas, la paz regresó a mi hogar.
Moraleja: No hay nada más hermoso que aprender a convivir con la naturaleza.
1 comentario:
malditos grillos.... se lo merecen :)
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